Una cosa era conquistar y otra cosa era conservar la nueva posesión. Después del fallecimiento de Josué, el pueblo hebreo se quedó sin líder. Cada tribu tenía un jefe, pero ninguno de ellos era lo suficientemente carismático para convertirse en el jefe supremo de la congregación. Judá y Simeón hicieron una alianza para enfrentar a los  cananeos. Como es de suponerse, Celoso (T.C.C. Yahvé o Jehová) era parte de la coalición. Él le habló a Judá:


Jueces


1:4 Y subió Judá, y Jehová entregó en sus manos al cananeo y al ferezeo; e hirieron de ellos en Bezec a diez mil hombres.


1:5 Y hallaron a Adoni-bezec en Bezec, y pelearon contra él; y derrotaron al cananeo y al ferezeo.


1:6 Mas Adoni-bezec huyó; y le siguieron y le prendieron, y le cortaron los pulgares de las manos y de los pies.


1:7 Entonces dijo Adoni-bezec: Setenta reyes, cortados los pulgares de sus manos y de sus pies, recogían las migajas debajo de mi mesa; como yo hice, así me ha pagado Dios. Y le llevaron a Jerusalén, donde murió.


       La guerra continuó en los territorios ocupados. Los hijos de Israel continuaban con su misión de aniquilar a los que ocupaban la tierra que ellos consideraban suya. Derrotaban a todos con la ayuda de Celoso (T.C.C. Yahvé o Jehová), pero algo realmente extraño sucedió:


Jueces


1:18 Tomó también Judá a Gaza con su territorio, Ascalón con su territorio y Ecrón con su territorio.


1:19 Y Jehová estaba con Judá, quien arrojó a los de las montañas; mas no pudo arrojar a los que habitaban en los llanos, los cuales tenían carros herrados.


       ¡Por primera vez, Celoso (T.C.C. Yahvé o Jehová) se quedó sin poderes! No era invencible, después de todo. Dios y Judá no pudieron echar a los habitantes del valle porque tenían ¡carros herrados! Es decir, carros de guerra de hierro. Recuerdo que dios le ordenó a Josué que matara a todo el ejército que era tan numeroso como la arena de la playa y que quemara todos los carros de guerra. ¡Por qué no podía destruir estos? ¿Podía solamente destruir carros hechos de madera, porque eran fáciles de quemar? ¿Por qué no hacía que enormes rocas cayeran del cielo, como la había hecho anteriormente, y los aplastaba? ¿Por qué no les pedía a los sacerdotes que tocaran las trompetas, y a los soldados que gritaran para desintegrarlos? Los carros, después de todo, eran más débiles que las paredes. Te diré por qué Celoso (T.C.C. Yahvé o Jehová) no hizo nada de lo anterior. No lo hizo porque no podía. Nunca había podido hacerlo y nunca lo hizo.


       Era fácil para los levitas escribir de las victorias de sus líderes. Simplemente añadían algunos pasajes donde hacían que su dios “hiciera algo” para ayudar en el triunfo; cosas como que cayeran rocas del cielo, etc., sólo para alabar a su dios. Con eso hacían a las nuevas generaciones creer en el poder de Celoso (T.C.C. Yahvé o Jehová).


       En la derrota, las cosas eran un poco más difíciles de justificar. ¿Cómo podían ellos explicar la derrota de Judá y de Celoso (T.C.C. Yahvé o Jehová)  sin su excusa favorita? Si has notado, las únicas derrotas que el enemigo les ha infligido a los hijos de Israel hasta ahora, han sido porque han desobedecido sus órdenes. “Él  los entregó a la mano de sus enemigos,” como ellos siempre dicen. Esa es la excusa. Pero Judá no había hecho nada malo esta vez. Los levitas no tenían otra opción más que decir la verdad: Judá y dios no los pudieron echar porque los enemigos tenían carros de guerra de hierro. Eso los hacía demasiado poderosos para ellos. 


       Después de esa derrota, ningún jefe pudo echar a sus enemigos, por lo que tuvieron que cohabitar con ellos.


       Aquí están las citas:


Jueces


1:27 Tampoco Manasés arrojó a los de Bet-seán, ni a los de sus aldeas, ni a los de Taanac y sus aldeas, ni a los de Dor y sus aldeas, ni a los habitantes de Ibleam y sus aldeas, ni a los que habitan en Meguido y en sus aldeas; y el cananeo persistía en habitar en aquella tierra.


1:29 Tampoco Efraín arrojó al cananeo que habitaba en Gezer, sino que habitó el cananeo en medio de ellos en Gezer.


1:30 Tampoco Zabulón arrojó a los que habitaban en Quitrón, ni a los que habitaban en Naalal, sino que el cananeo habitó en medio de él, y le fue tributario.


1:31 Tampoco Aser arrojó a los que habitaban en Aco, ni a los que habitaban en Sidón, en Ahlab, en Aczib, en Helba, en Afec y en Rehob.


1:32 Y moró Aser entre los cananeos que habitaban en la tierra; pues no los arrojó.


1:33 Tampoco Neftalí arrojó a los que habitaban en Bet-semes, ni a los que habitaban en Bet-anat, sino que moró entre los cananeos que habitaban en la tierra; mas le fueron tributarios los moradores de Bet-semes y los moradores de Bet-anat.


1:34 Los amorreos acosaron a los hijos de Dan hasta el monte, y no los dejaron descender a los llanos.


1:35 Y el amorreo persistió en habitar en el monte de Heres, en Ajalón y en Saalbim; pero cuando la casa de José cobró fuerzas, lo hizo tributario.


       Por un lado, me alegra de que el frenesí por matar se haya apagado, porque los cananeos y todos los otros moradores del la tierra ocupada no tenían la culpa de estar ahí. Por el otro, no puedo dejar de notar que Celoso (T.C.C. Yahvé o Jehová) no le ha hablado a ninguno de los jefes. ¡Es él el  sanguinario! Cuando él no está allí, diciéndoles, mata, mata, mata; los dejan vivir. Se contentan con los tributos que reciben de ellos. No quieren su sangre; quieren su dinero


       O es eso, o la verdad; no pudieron aniquilarlos o ni siquiera echarlos porque ya no estaban unidos. No peleaban como antes, como un solo ejército, porque ahora tenían ciudades que proteger, y esas ciudades estaban diseminadas por todo el territorio. No podían seguir incursionando en los pueblos, porque tendrían que dejar a sus familias desprotegidas.  


       Los antiguos habitantes, por otro lado, no eran lo suficientemente fuertes para enfrentarlos, tampoco, por lo que tuvieron que someterse a ellos para tratar de vivir en paz.


       Sigo sin entender por qué los levitas hicieron que su dios se viera tan sediento de sangre.


       Leamos los siguientes pasajes:


Jueces


2:1 El ángel de Jehová subió de Gilgal a Boquim, y dijo: Yo os saqué de Egipto, y os introduje en la tierra de la cual había jurado a vuestros padres, diciendo: No invalidaré jamás mi pacto con vosotros,


2:2 con tal que vosotros no hagáis pacto con los moradores de esta tierra, cuyos altares habéis de derribar; mas vosotros no habéis atendido a mi voz. ¿Por qué habéis hecho esto?


2:3 Por tanto, yo también digo: No los echaré de delante de vosotros, sino que serán azotes para vuestros costados, y sus dioses os serán tropezadero.


2:4 Cuando el ángel de Jehová habló estas palabras a todos los hijos de Israel, el pueblo alzó su voz y lloró.


       Celoso (T.C.C. Yahvé o Jehová) estaba realmente enojado con sus hijos. No le gustaba la idea de que los cananeos y las otras tribus enemigas moraran entre ellos. Quería exterminarlos, como se lo había instruido a Josué. Sabía que al aniquilarlos, sus dioses desaparecerían con ellos, esos dioses que él tanto despreciaba. Eran sus rivales. Estaba consciente del hecho de que sus hijos tendrían que mezclarse si había otros alrededor de ellos. Si aceptaban a sus mujeres, al final aceptarían a sus dioses, también. Eso él no lo podía tolerar. Era un dios celoso, ¿te acuerdas? Tenía que destruir a todos los dioses que coexistían con él.


       Los siempre astutos levitas, buscaron la manera de que el hecho de no poder aniquilar a los enemigos, no perjudicara la reputación de su dios. Hicieron pasar esos fracasos, como castigo de su dios para los hijos de Israel por no obedecer sus órdenes; las de matar a todo ser viviente que se encontraran en la tierra prometida, y destruir todos sus dioses. No repararon en el hecho de que Celoso (T.C.C. Yahvé o Jehová) estaba con  Judá cuando no pudieron derrotar a los del valle porque tenían carros de guerra de hierro. Ahora decían que su dios los había dejado para que fueran como azotes para sus costados. Al hacer esto, los levitas justificaban las derrotas, pero pintaban a su dios como un vampiro que no cesaba de pedir sangre.


       Poco tiempo después de la muerte de Josué, el pueblo hebreo hizo lo que Celoso (T.C.C. Yahvé o Jehová) tanto temía:


Jueces


2:11 Después los hijos de Israel hicieron lo malo ante los ojos de Jehová, y sirvieron a los baales.


2:12 Dejaron a Jehová el Dios de sus padres, que los había sacado de la tierra de Egipto, y se fueron tras otros dioses, los dioses de los pueblos que estaban en sus alrededores, a los cuales adoraron; y provocaron a ira a Jehová.


2:13 Y dejaron a Jehová, y adoraron a Baal y a Astarot.


2:14 Y se encendió contra Israel el furor de Jehová, el cual los entregó en manos de robadores que los despojaron, y los vendió en mano de sus enemigos de alrededor; y no pudieron ya hacer frente a sus enemigos.


2:15 Por dondequiera que salían, la mano de Jehová estaba contra ellos para mal, como Jehová había dicho, y como Jehová se lo había jurado; y tuvieron gran aflicción.


       ¿Ves lo que yo veo aquí? Hacer el mal ante los ojos del señor no es matar, mentir, etc. Hacer el mal es adorar a otros dioses. Eso es lo peor que una persona puede hacer. Dios mata a sus propios hijos sólo para evitar que tengan otros deidades. Este es el dios amoroso; preocupado por sus hijos; que todo lo perdona que la gente de hoy va a adorar a las iglesia y a los templos.


       A propósito, eso hace que me pregunte algo más: ¿Acaso Celoso (T.C.C. Yahvé o Jehová) ha perdido sus poderes últimamente? ¿O se ha vuelto más humanitario? Hoy en día, hay miles de personas que cambian de dioses; a Buda, Alá, etc. y nada les pasa. ¿Acaso esos dioses son más poderosos que Celoso (T.C.C. Yahvé o Jehová), y pueden evitar que éste los lastime? ¿O solamente se preocupa por los hebreos?


       Regresando a nuestro análisis. Hay algo que sigue molestándome: ¿por qué los hijos de Israel rápida y fácilmente abandonaban a Celoso_ T.C.C. Yahvé o Jehová? ¿No acababan de ver muros que caían con el sonar de las trompetas y el gritar de los soldados? ¿No habían visto caer rocas del cielo para aplastar a sus enemigos? ¿No les acababa de entregar a sus adversarios? ¿No les acababa de otorgar la tierra que les había prometido? ¿No le acababan de decir a Josué que nunca olvidarían a su dios? ¡Y con todo eso, le daban la espalda!


       ¿Acaso no le temían? Acababan de ser castigados por desobedecerlo, y aún así, allí estaban, ¡desafiándolo otra vez!


       No creo que haya una persona hoy en día que, después de ver cualquiera de esas maravillas, se cambie de credo. De hecho, ningún católico o cristiano del mundo ha visto algo parecido; no obstante, ¡no cambian su fe! ¿Acaso era que Baal y Astarot hacían milagros aún mejores? ¿Cuáles podrían ser esos milagros? ¿Acaso hacían que los higos crecieran en un día? ¿Calentaban los hornos sin madera? ¿Hacían que los becerros se convirtieran en toros de un día para el otro? ¿Hacían tela sin telares? Sólo esos “milagros” harían que yo me cambiara. Pero no era así.


       Hay solo una explicación razonable para esa conducta. Los hijos de Israel nunca presenciaron ninguno de los supuestos milagros. De hecho, ellos pensaban que no habían recibido ninguna ayuda divina para conseguir lo que ahora era suyo. Todo lo que tenían, era resultado de su arduo trabajo.


       Continuemos con el punto de vista oficial:


Jueces


3:7 Hicieron, pues, los hijos de Israel lo malo ante los ojos de Jehová, y olvidaron a Jehová su Dios, y sirvieron a los baales y a las imágenes de Asera.


3:8 Y la ira de Jehová se encendió contra Israel, y los vendió en manos de Cusan-risataim rey de Mesopotamia; y sirvieron los hijos de Israel a Cusan-risataim ocho años.


       Ya sabemos qué es lo malo ante los ojos de Celoso (T.C.C. Yahvé o Jehová), así que no lo discutiré más. Señalaré; sin embargo, las consecuencias de su enojo. ¡Vendió a los hijos de Israel, es decir, sus propios hijos, como esclavos! Sé que no los vendió literalmente. Lo que los levitas quieren decir es que no hizo ninguna de sus maravillas para evitar que los mesopotámicos los derrotaran. ¿Hay un padre en el mundo que permitiría que sus hijos fueran cautivos, siendo él lo suficientemente poderoso para evitarlo? ¿Es este un padre amoroso que todo lo perdona? Es vengativo a lo más.


       Continuemos leyendo:

Jueces


3:9 Entonces clamaron los hijos de Israel a Jehová; y Jehová levantó un libertador a los hijos de Israel y los libró; esto es, a Otoniel hijo de Cenaz, hermano menor de Caleb.


3:10 Y el Espíritu de Jehová vino sobre él, y juzgó a Israel, y salió a batalla, y Jehová entregó en su mano a Cusan-risataim rey de Siria, y prevaleció su mano contra Cusan-risataim.


3:11 Y reposó la tierra cuarenta años; y murió Otoniel hijo de Cenaz.


       Ocho largos años el pueblo hebreo estuvo sirviendo a los mesopotámicos. Ocho años de sufrir y de suplicar a su dios perdón. Finalmente, Celoso (T.C.C. Yahvé o Jehová) ablandó su corazón, asumiendo que tiene uno, y envió a un libertador, Otoniel, a liberar a sus hijos.


       No puedo evitar preguntarme, si Celoso (T.C.C. Yahvé o Jehová) es tan poderoso: puede hablar con multitudes (Monte Sinaí), y puede hacer llover rocas del cielo para aplastar a sus enemigos, ¿por qué necesita un libertador? ¿No habría sido más efectivo si él le hubiera hablado a los mesopotámicos desde una nube, como lo hizo en el Monte Sinaí, diciéndoles, “Dejen libre a mi pueblo o haré que una lluvia de rocas los aplaste.” Haciendo eso, no solamente les habría probado a sus hijos que él estaba con ellos, sino que también se habría ganado el reconocimiento de otro pueblo, en este caso el de los mesopotámicos.


       Sabemos que Celoso (T.C.C. Yahvé o Jehová) no puede hacer nada de eso. Los levitas que escribieron la biblia tuvieron que esperar a que surgiera un líder que organizara a la gente, y que derrotara a los mesopotámicos para escribir que su dios lo había enviado. Ellos solamente agregaban los “milagros” a la historia regular:


       Otoniel gobernó 40 años y lo increíble volvió a pasar:


Jueces


3:12 Volvieron los hijos de Israel a hacer lo malo ante los ojos de Jehová; y Jehová fortaleció a Eglón rey de Moab contra Israel, por cuanto habían hecho lo malo ante los ojos de Jehová.


3:13 Este juntó consigo a los hijos de Amón y de Amalec, y vino e hirió a Israel, y tomó la ciudad de las palmeras.


3:14 Y sirvieron los hijos de Israel a Eglón rey de los moabitas dieciocho años.


       ¿Acaso los hijos de Israel nunca aprendían? ¿No sabían para ese entonces lo vengativo que era su dios? ¿Acaso no era lo suficientemente poderoso para otorgarles cualquier deseo? ¿No sabían que cada vez que adoraban a otros dioses se molestaba y los castigaba? Después de esos 18 años de servidumbre, Celoso_ T.C.C. Yahvé o Jehová…


Jueces


3:15 Y clamaron los hijos de Israel a Jehová; y Jehová les levantó un libertador, a Aod hijo de Gera, benjamita, el cual era zurdo. Y los hijos de Israel enviaron con él un presente a Eglón rey de Moab.


3:21 Entonces alargó Aod su mano izquierda, y tomó el puñal de su lado derecho, y se lo metió por el vientre.


3:22 de tal manera que la empuñadura entró también tras la hoja, y la gordura cubrió la hoja, porque no sacó el puñal de su vientre; y salió el estiércol.


3:27 Y cuando había entrado, tocó el cuerno en el monte de Efraín, y los hijos de Israel descendieron con él del monte, y él iba delante de ellos.


3:28 Entonces él les dijo: Seguidme, porque Jehová ha entregado a vuestros enemigos los moabitas en vuestras manos. Y descendieron en pos de él, y tomaron los vados del Jordán a Moab, y no dejaron pasar a ninguno.


3:29 Y en aquel tiempo mataron de los moabitas como diez mil hombres, todos valientes y todos hombres de guerra; no escapó ninguno.


3:30 Así fue subyugado Moab aquel día bajo la mano de Israel; y reposó la tierra ochenta años.


       ¡Así es! Envió un libertador. Esta vez fue Aod. Gobernó en paz durante 80 años, pero cuando murió, ¿puedes adivinar lo que hicieron los hijos de Israel? Si dijiste, “Hicieron lo malo ante los ojos del señor,” estás en lo correcto.


       Leamos los siguientes pasajes:


Jueces


4:1 Después de la muerte de Aod, los hijos de Israel volvieron a hacer lo malo ante los ojos de Jehová.


4:2 Y Jehová los vendió en mano de Jabín rey de Canaán, el cual reinó en Hazor; y el capitán de su ejército se llamaba Sísara, el cual habitaba en Haroset-goim.


4:3 Entonces los hijos de Israel clamaron a Jehová, porque aquél tenía novecientos carros herrados, y había oprimido con crueldad a los hijos de Israel por veinte años.


       Y la misma historia se repite una y otra vez. O los hijos de Israel eran unos testarudos, o los levitas que escribían la biblia no están diciendo toda la verdad. Me inclino por esto último.


       Los levitas no podían decir que sus enemigos algunas veces se fortalecían y eran capaces de someter a los hebreos, porque los jóvenes hubieran preguntado, “¿Y nuestro dios? ¿Acaso no es él, más poderoso que cualquier rey de la tierra? Sabemos lo de las plagas en Egipto, el Mar Rojo, las rocas que caían del cielo, ¿por qué no hizo ninguna de esas cosas a nuestros enemigos aquí? Entonces el vidente no hubiera tenido otra opción que decir la verdad sobre su dios.


       Ya no había retorno. Tenían que seguir inventando cosas para salvar la reputación de su dios; tenían que culpar a los hijos de Israel. Esa simple maniobra les ayudaba a matar dos pájaros de un tiro. Por un lado, las nuevas generaciones aprendían cuales eran las consecuencias por desobedecer a Celoso (T.C.C. Yahvé o Jehová) y los mantenían en control, y por el otro, lograban que las obras de su dios no fueran cuestionadas.


       El problema era que en el proceso, los levitas hacían que los hijos de Israel se vieran obstinados y tontos. Ellos no eran así. Ellos eran un pueblo trabajador que, como cualquier nación de ese entonces, ganaban algunas batallas y perdían otras. Pero debido a todas las fantásticas historias que los escritores de la biblia habían creado desde su salida de Egipto, tenían que cargar con la culpa. Si los levitas hubieran aceptado sus derrotas como algo natural; algo que les sucedía a todos los pueblos de la tierra, ya no habrían sido el pueblo elegido. Peor aún, su dios se hubiera convertido en uno ordinario, y ellos habrían perdido todos sus privilegios.


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