Durante dos milenios, los cristianos han sabido que los judíos mataron a Yeshua –T.C.C. Jesús– porque así está escrito en los evangelios del nuevo testamento. Estoy seguro que no fueron ellos, fueron los romanos.

         

       Cuando los “apóstoles” decidieron escribir la historia de Yeshua –T.C.C. Jesús, trataron de ganarse el favor de los romanos, exonerándolos de la muerte de Yeshua –T.C.C. Jesús– y culpar al pueblo que no lo aceptó como su salvador, los judíos. Constantino aprovechó esta situación. Él no podía decir, “Aunque los romanos matamos al hijo de dios, nos escogió para que difundiéramos sus evangelios.”  Mateo y sus colegas le dieron el chivo expiatorio que necesitaba. Una vez más, los judíos se convertían en las victimas perfectas.

         

       Yeshua –T.C.C. Jesús– no era una amenaza para los judíos; era una amenaza para los romanos. Sus diferencias con el Sanedrín estaban basadas en el hecho de que los sacerdotes se habían sometido al poder romano, permitiéndoles que designaran reyes que ni siquiera eran judíos. Los sacerdotes sabían que Yeshua –T.C.C. Jesús– no podía ser el mesías, así que estaban seguros de que no representaba una amenaza real a sus privilegios. Los romanos, por otro lado, habían estado aplastando a todos aquellos que se rebelaban a su autoridad. Cualquiera que podía organizar a los judíos en contra de los romanos era un enemigo del imperio.

         

       Durante siglos, los romanos habían reservado la más brutal de las ejecuciones, la crucifixión, para los enemigos del Estado. El gran sufrimiento que causaba la crucifixión a todas las víctimas, era usado para intentar persuadir a otros de que no se rebelaran en contra de lo establecido.

         

       Espartaco y cerca de 6,000 de sus seguidores fueron crucificados a lo largo de la Vía Apia porque fueron la más grande amenaza que el Imperio Romano enfrentó en su territorio.

         

       Cuando Poncio Pilato decidió crucificar a Yeshua –T.C.C. Jesús, estaba pensando en el ejemplo que les iba a dar a los judíos que seguían a Yeshua –T.C.C. Jesús– en su campaña en contra del dominio romano.

         

       El cuento que nos dice cómo los judíos pidieron al gobernador romano que crucificara a Yeshua –T.C.C. Jesús– fue una más de las invenciones de los “apóstoles”. Ellos querían difundir los evangelios, y culpar a los romanos por la muerte de “el hijo de dios” hubiera sido un obstáculo.

         

       Los “apóstoles” pudieron cambiar todos los detalles de la muerte de Yeshua –T.C.C. Jesús, mas no la propia crucifixión. Inventaron los pasajes donde Poncio Pilato les ofrece escoger entre Barrabás y Yeshua –T.C.C. Jesús– para usar a los judíos como chivos expiatorios, aprovechando que éstos habían sido desterrados, y no podían objetar. También hicieron que el gobernador romano se lavara las manos. Eso es un simbolismo que significa que lo están exonerando de la muerte de Yeshua –T.C.C. Jesús– y que están culpando a los judíos.

         

       Los escritores de los evangelios estaban usando el mismo truco que los levitas habían utilizado durante siglos: agregar y cambiar hechos para su propio beneficio.

         

       Según los evangelios, Poncio Pilato no quería lastimar a Yeshua –T.C.C. Jesús, pero lee lo que le hizo:

 

Juan


19:1 Así que, entonces tomó Pilato a Jesús, y le azotó.

 

19:2 Y los soldados entretejieron una corona de espinas, y la pusieron sobre su cabeza, y le vistieron con un manto de púrpura;


19:3 y le decían: ¡Salve, Rey de los judíos! y le daban de bofetadas.


19:4 Entonces Pilato salió otra vez, y les dijo: Mirad, os lo traigo fuera, para que entendáis que ningún delito hallo en él.


19:5 Y salió Jesús, llevando la corona de espinas y el manto de púrpura. Y Pilato les dijo: ¡He aquí el hombre!

         

       Esto no tiene sentido. Pilato dice que no encontró culpa en Yeshua –T.C.C. Jesús, pero lo presentó azotado, portando una corona de espinas y dijo, “¡He aquí el hombre!” A mí me parece que lo trajo para que la multitud viera lo que le pasaba a los que se rebelaban en contra del imperio. Al decir, “¡He aquí el hombre!” Quiere decir, “He aquí el hombre que ustedes piensan que puede ser su salvador.”

         

Después, Juan dice que Poncio Pilato se los entregó a los judíos para que los crucificaran.


Juan


19:15 Pero ellos gritaron: ¡Fuera, fuera, crucifícale! Pilato les dijo: ¿A vuestro Rey he de crucificar? Respondieron los principales sacerdotes: No tenemos más rey que César.


:16 Así que entonces lo entregó a ellos para que fuese crucificado. Tomaron, pues, a Jesús, y le llevaron.

         

       Sin embargo, hay un problema con estas aseveraciones. Los judíos no crucificaban a los sentenciados a muerte. Los lapidaban o los quemaban, pero no los ponían en la cruz. Los únicos que usaban esta manera de ejecución eran los romanos.  Así que, aunque los “apóstoles” trataron de ocultar el hecho de que fue Pilato el que ejecutó a Yeshua –T.C.C. Jesús– cambiando las palabras, es evidente en estos pasajes que el gobernador romano no lo entregó a los judíos, sino a los soldados romanos para que fuera crucificado.

         

Pilato fue más lejos e hizo lo siguiente:


Juan


19:19 Escribió también Pilato un título, que puso sobre la cruz, el cual decía: JESÚS NAZARENO, REY DE LOS JUDÍOS.


19:20 Y muchos de los judíos leyeron este título; porque el lugar donde Jesús fue crucificado estaba cerca de la ciudad, y el título estaba escrito en hebreo, en griego y en latín.


19:21 Dijeron a Pilato los principales sacerdotes de los judíos: No escribas: Rey de los judíos; sino, que él dijo: Soy Rey de los judíos.


19:22 Respondió Pilato: Lo que he escrito, he escrito.

         

       Como puedes ver aquí, Pilato consideraba a Yeshua –T.C.C. Jesús– una amenaza para el Imperio Romano porque Yeshua –T.C.C. Jesús– andaba diciendo que era el mesías, lo que quería decir que tenía derecho al trono de Israel. Por eso fue que escribió Yeshua de Nazaret, Rey de los judíos, para usarlo de ejemplo para todos aquellos que quisieran rebelarse.

         

Lee la siguiente cita:


Juan


20:19 Cuando llegó la noche de aquel mismo día, el primero de la semana, estando las puertas cerradas en el lugar donde los discípulos estaban reunidos por miedo de los judíos, vino Jesús, y puesto en medio, les dijo: Paz a vosotros.

         

       ¿Miedo a los judíos? Te apuesto que las palabras originales de Juan eran, “Por miedo a los romanos.”  Los once discípulos eran judíos, ¿por qué iban a tener miedo de sus paisanos? Las palabras fueron cambiadas para hacer parecer que los judíos como los asesinos de Yeshua –T.C.C. Jesús.

         

Los autores de los evangelios trataron de esconder la participación de Pilato en la crucifixión, pero no pudieron esconder el odio que los soldados romanos sentían por Yeshua –T.C.C. Jesús. Si los soldados romanos no lo hubieran visto como enemigo del estado, habrían sido más condescendientes con él. La crueldad de sus acciones me dicen que consideraban a Yeshua –T.C.C. Jesús– un líder revolucionario.


Mateo


27:27 Entonces los soldados del gobernador llevaron a Jesús al pretorio, y reunieron alrededor de él a toda la compañía;


27:28 y desnudándole, le echaron encima un manto de escarlata,


27:29 y pusieron sobre su cabeza una corona tejida de espinas, y una caña en su mano derecha; e hincando la rodilla delante de él, le escarnecían, diciendo: ¡Salve, Rey de los judíos!


27:30 Y escupiéndole, tomaban la caña y le golpeaban en la cabeza.

         

       Todas estas burlas son señales de que Yeshua –T.C.C. Jesús– quería ser el mesías judío. Y esa fue la razón por la que fue crucificado.

         

       Piensa. Todos los mesías que le precedieron eran guerreros: Otoniel los liberó de los mesopotámicos; Ehud los liberó de los moabitas; Débora y Barak los liberaron de los cananeos; Gideon los liberó de los medianitas; Sansón los liberó de los filisteos y  Ezequías los liberó de los asirios; ¡ninguno de ellos había sido un mesías pacífico! ¿Por qué las cosas serían diferentes cuando estaban bajo el dominio de los romanos? Los judíos no necesitaban un líder que salvara sus almas. Necesitaban a alguien que salvara su reino. Un mesías pacífico no tiene sentido

         

       Yeshua –T.C.C. Jesús– no fue un mesías pacífico, de todos modos. Eso fue lo que los “apóstoles” escribieron para hacer de Yeshua –T.C.C. Jesús– el salvador de todos, ya que no había podido convertirse en el salvador de los judíos.

         

       El escenario de los evangelios es “la tierra prometida” durante el dominio romano; sin embargo, en ninguna parte de ellos se menciona la opresión que ejercía el imperio. ¿No es extraño? Los judíos se estaban rebelando constantemente en contra de los romanos, y los autores de los evangelios nunca hablan de ello. O tal vez lo hicieron, pero después se borraron todos los rastros de la ocupación romana para exonerarlos de todo el daño que le causaron al  “nuevo cristo”.


<<Anterior  Siguiente>>


  


Site developed by Sergio Arroyos