Resulta muy lúdico saber que la persona considerada la figura más importante de la humanidad, Yeshua –T.C.C.  Jesús, no alcanzó ninguna de sus metas mientras estuvo vivo:


  • Quería unir a los judíos en contra de los romanos, pero no tuvo éxito.

  • Quería expulsar a los romanos de la “tierra prometida”, pero fracasó.

  • Quería convertirse en el mesías de los israelitas, pero no los pudo convencer de que era el elegido.

  • Quería que los judíos aceptaran a los samaritanos como sus iguales, pero no lo hicieron.

  • Ni siquiera pudo lograr que sus propios hermanos, los hijos de María, creyeran que él era el cristo esperado.

       Sin embargo, las épocas se han dividido en   su honor. El libro que cuenta su historia es el más vendido del mundo. Y lo más importante, lo convirtieron en el dios más poderoso que ha existido.


       ¿Cómo fue eso posible? ¿Cómo transformaron a un simple hombre en el individuo más influyente de todos los tiempos? ¿Cómo puede un hombre hacer mayores obras cuando está muerto que cuando está vivo? Sé que Elvis Presley vende más discos que muchos cantantes nuevos hoy en día, y que se le considera un dios, pero las épocas no se han dividido por causa de él; no han surgido religiones, ni se han erigido templos en su honor.


       ¿Qué hizo a Yeshua –T.C.C. Jesús– ser tan especial? La respuesta es… los amigos.


       Si alguna vez has dudado de la importancia del capital social, aquí está la prueba de lo crucial que es en la vida, y en este caso, en la muerte, de una persona. Aunque en el caso de Yeshua –T.C.C.  Jesús– no fueron solamente los amigos quienes hicieron la diferencia. La avaricia de la gente por dinero y por poder jugó un papel muy importante en su transformación al dios más reverenciado del mundo.


       Sé que hay aquellos que dicen, “Jesús no era un simple hombre, fue el hombre más grande de todos.” Pero se equivocan. Era un simple mortal, tan mortal era… que murió en la cruz.


       Morir en la cruz fue lo único bien hecho que Yeshua –T.C.C.  Jesús–  hizo. Si no hubiera muerto así, nunca se habría convertido en lo que es hoy. Ningún mártir muere de vejez.


       La crucifixión convirtió a Yeshua –T.C.C.  Jesús– en un mártir. Tan importante fue este suceso, que no sólo Yeshua –T.C.C. Jesús–  se transformó, también lo hizo la cruz. De la forma más brutal de tortura, pasó a ser el símbolo religioso más venerado. Esa es la más grande victoria romana. Hacer que el mundo venerara su instrumento favorito de castigo. ¿Cómo pudo eso ser posible? ¿Te imaginas a una familia cuyo hijo fue ejecutado en la silla eléctrica, pidiéndole al alcaide le regale la silla para ponerla en un altar y adorarla? ¡Eso sería enfermizo!


       


       ¿Cómo fue que el cristianismo tuvo tanta aceptación desde un principio? La principal diferencia entre el cristianismo y las otras religiones del mundo antiguo era que la primera ofrecía vida eterna después de la muerte. Hasta ese entonces, la gente que moría se iba al Hades y eso era todo. Sólo tenían que tener una moneda para pagarle a Caronte, el operador del bote, y eso era suficiente para entrar al Inframundo; esa era su única opción. 

 

       El cristianismo, por otro lado, creó otra opción. Ahora la gente podía ir al cielo o al infierno. Pero eso no era algo que tú podías elegir a la hora de tu muerte, tampoco una moneda era suficiente; tenías que trabajar toda una vida para ganarte el derecho de ir al cielo donde vivirías una vida eterna llena de felicidad, y tendrías todas esas cosas de las que careciste en la tierra.


       Para poder entrar al paraíso, tenías que obedecer todas las reglas que la iglesia establecía para ti. Tenías que creer todo lo que ellos te dijeran acerca de su dios. Y lo más importante, no podías ser rico. Según la iglesia católica, era pecaminoso para el ciudadano común tener dinero. Ahora, una moneda ya no era suficiente para pagar por la vida eterna, tenías que despojarte de todo tu dinero. Las únicas personas que podían amasar grandes fortunas eran las del clero y las de la realeza. Ellos fueron los que idearon el plan de usar el cristianismo para explotar a sus conciudadanos.


       Así como los levitas le dijeron a su pueblo que la única familia que podía gobernar era la de David, la iglesia les dijo a sus feligreses que sólo las familias que habían sido “elegidas” por dios podían ser reyes.


       Si decidías no seguir las reglas, perderías tu oportunidad de pasar tu vida eterna en el cielo. Eras condenado al infierno, un lugar como el Inframundo, sólo que peor. En lugar de vivir en paz, serías atormentado toda la eternidad.

No es necesario decir que ese lugar sólo era para la gente común. Por más que el clero y la nobleza transgredieran las normas, siempre terminaban en el cielo. Para convertirse en papa, se cometían asesinatos, traiciones y se decían mentiras. Los papas mataban a todo aquel que representaba una amenaza para su papado. Mataban a todo aquel que no seguía sus enseñanzas, (musulmanes, luteranos, calvinistas, anglicanos, etc.) Conspiraban para derrocar a cualquier monarca que no se allanara a sus exigencias. ¡Y nunca iban al infierno; ¡ni siquiera los Borgia¡


       


       Hoy en día, los sacerdotes abusan de los niños y cometen toda clase de excesos. Los reyes han matado a su propia familia para mantener sus reinos, han exterminado a sus súbditos. Y ¿has escuchado que algún papa, cardenal, obispo, sacerdote o rey esté en el infierno? Estoy seguro que no.

Esa temeridad del clero me hace estar seguro de que tanto el cielo como el infierno son meras invenciones del cristianismo para mantener a la gente bajo control.


       ¿Cómo pudo una persona como Marcial Maciel, fundador de los Legionarios de cristo, ser la figura más respetada del cristianismo moderno, y a la misma vez ser un pedófilo? Decenas de hombres lo han acusado de sodomía, hasta sus propios hijos. Durante décadas, estas acusaciones fueron consideradas por la iglesia como calumnias, pero ahora que Maciel está muerto, han aceptado que las querellas son reales y están pagando grandes cantidades de dinero como indemnización a las víctimas.


       Piensa en esto por un momento: Marcial Maciel era un hombre religioso. Él sabía que las obras que estaba cometiendo en contra de los niños, no solamente eran pecados, sino que también eran crímenes. Según las enseñanzas de la iglesia, sería condenado a quemarse en el infierno toda la eternidad. ¡Y aún así cometió esos delitos!


       La única inferencia que puedo sacar de esa situación es que Maciel SABÍA que no habría consecuencias por cometer todos esos horrendos crímenes, como lo sabe el resto del clero que ha trasgredido sus propios mandamientos una y otra vez sin temor al resultado. Ellos saben que el cielo y el infierno son meras invenciones para la gente común.




       ¿No te parece un tanto irónico que Yeshua –T.C.C. Jesús– sea considerado el príncipe de paz y su ascenso a la pléyade de dioses se deba a la guerra?


       Según Constantino I, el símbolo de la cruz se le apareció en el cielo antes de una batalla decisiva, la Batalla del Puente Milvian, contra Majencio. El ejército de Constantino era superado en número por el de su enemigo, y aún así ganó, con la ayuda del “nuevo dios”.


       ¿No te resulta extraño? “El príncipe de paz” le ayudó a Constantino a MATAR a miles de soldados rivales para que Yeshua –T.C.C. Jesús– pudiera ser reverenciado como el dios más “pacífico”. Y eso sólo fue el principio. Constantino siguió aplastando a sus enemigos, y todo con la aprobación del “cristo de paz”.


       Otro ejemplo de esta ironía es Clodwig o Clovis, rey de los francos. Antes de la Batalla de Tolbiac cerca de Colonia contra la invasión de los alemanes, le oró a Yeshua –T.C.C. Jesús– para que le ayudara a vencer a sus enemigos. Él prometió que, en caso de victoria, se bautizaría junto con su ejército. Después del triunfo, fue bautizado por el obispo Remigio de Reims.

 

       ¡El “Príncipe de Paz de Israel” lo hizo de nuevo! Su participación en el asesinato de miles de soldados alemanes fue crucial para que la gente pudiera llamarlo “el Príncipe de Paz”.  


       Constantino les puso el ejemplo a todos los papas y reyes por venir. Con la ayuda del “rey pacífico de Israel” continuaron aniquilando a todos sus enemigos para convertir a los sobrevivientes a la nueva fe. ¿Acaso no se dice que Yeshua –T.C.C. Jesús– es un dios que todo lo sabe y que todo lo puede? ¿No pudo haber encontrado una forma más humanitaria de convertir a la gente a su credo sin el derramamiento de sangre? ¿No podía simplemente entrar en los corazones de las gentes, como dicen que hace hoy, y cambiar las mentes de las personas? No, no podía. Para que eso suceda, la gente necesita haber sido adoctrinada durante siglos. La única manera de que una persona acepte a un nuevo dios es a través del miedo. La mitad de la familia era masacrada, y al resto se le daba a elegir: aceptas a mi dios o muere. ¿Tú que escogerías?

Yeshua –T.C.C. Jesús– ha sido el instrumento de dominación desde Constantino. Él vio cuán dóciles eran los cristianos. Se dio cuenta que adoptando y diseminando la nueva religión en todo el imperio, las probabilidades de controlar totalmente a sus súbditos se incrementarían grandemente.


       



       La gente no necesita mucho para dejar que otros los controlen. Piensa en los políticos de hoy. Sólo necesitan prometerle unas cuantas cosas a la gente ordinaria para hacer que los sigan.


       Ahora, ¿qué estarías dispuesto a hacer para lograr la recompensa esencial, la vida eterna? Te aseguro que estarías dispuesto a hacer cualquier sacrificio para obtenerla.


El problema es que ¡NO HAY VIDA ETERNA! 2, 000 años después de su invención, nadie ha regresado del más allá para confirmar su existencia. ¡Todos los que escriben de ella están vivos! Lo que dicen de ella son meras especulaciones. Pero esa promesa es suficiente para mantener a la gente bajo control. Están dispuestos a hacer lo que sea con tal de obtener la quimera.




       Al principio, la iglesia tenía el control total. El jefe de la iglesia era también el jefe del estado. Pero los reyes de otras partes del imperio comenzaron a rebelarse en contra de poder absoluto de la iglesia. Ellos pensaban que también tenían el derecho a gobernar. Empezaron a disputarle a la iglesia el control de sus súbditos. Querían su parte del botín. Al principio, la iglesia comenzó por pelear contra la idea de compartir, no sólo el poder, sino también el dinero. Cuando tanto la iglesia como las familias reales se dieron cuenta que su lucha era inútil, decidieron compartir las ganancias. Ambas “instituciones” continuarían explotando a la gente, la iglesia les exigiría el diezmo, y el estado les cobraría impuestos. La gente sería “feliz”, de contribuir a la formación de grandes fortunas tanto para las familias de la realeza, como para el clero.


       Puedes argüir lo que quieras en contra de esta idea, pero piensa. No hay ninguna religión en el mundo que no anteponga el dinero a la “salvación” de las almas.  ¿Qué pasa si eres mormón, testigo de Jehová, evangelista, etc., y nunca das el diezmo? Te expulsan de la congregación, y no les importa si tu alma se condena por toda la eternidad.  Si eres católico, ¿puedes obtener alguno de los sacramentos sin pagar? Los sacerdotes “saben” que si un niño muere sin el bautismo, no podrá “entrar al cielo”, y aún así no lo bautizan si los padres o los padrinos no pagan la cuota.


       ¿Por qué los curas tienen que cobrar por cada servicio que proveen? Siempre me he preguntado cuánto cobraba Juan el Bautista por bautizar. Nada, ¿verdad? Entonces, ¿por qué los curas siempre exigen un pago? A ellos no les importa tu salvación, lo único que les importa es tu dinero.




       El cuento de Yeshua –T.C.C. Jesús– es la mentira más grande que se ha contado. Todo lo que de él se sabe es mentira:


          Yeshua –T.C.C. Jesús–


·        No nació de una virgen. María tuvo sexo como cualquiera otra mortal. El propio Mateo lo asegura.


·        No nació el 25 de diciembre. La iglesia católica escogió esa fecha porque en ese día se celebraba el nacimiento de Mitra, el dios sol. Simplemente hicieron que Yeshua –T.C.C. Jesús– usurpara la fecha.


·        Los hermanos de Yeshua –T.C.C. Jesús– no eran sus seguidores. El propio Juan dice que ni siquiera creían en él.


·        Yeshua –T.C.C. Jesús– nunca se le apareció a Constantino. Fue éste último quien escogió al primero porque así convenía a sus intereses.


       Tal vez te estés preguntando cómo fue que la iglesia convirtió la más grande de las mentiras en la más grande de las verdades, y la ha mantenido hasta nuestros días. Es muy simple. Solamente necesitaron que pasara el tiempo de tres generaciones para que la mentira se convirtiera en verdad:


·        Los soldados que “diseminaban” los evangelios incursionaban en un pueblo y mataban a la mitad de la población, la mayoría de ellos hombres.


·        Les decían a las madres y a los ancianos que quedaban vivos, “Abraza al nuevo dios o muere.”


·        Para salvar sus vidas, aceptaban la mentira y les decían a sus hijos el cuento del nuevo dios.


       Hasta ese punto, la mentira sigue siendo mentira porque, aunque el hijo/a piensa que es verdad, el padre sabe que no lo es.


·        El hijo o la hija crece y tiene sus propios hijos, y les cuenta la mentira que su madre le dijo como si fuera la verdad.


·        El abuelo o la abuela muere y se lleva el secreto a la tumba.


       En ese momento, la mentira se convierte en verdad porque los niños pequeños creen todo lo que sus padres les dicen. Debido a que la persona que sabía la verdad está muerta, la mentira que dijo el abuelo o la abuela se convierte en la verdad para el nieto.


       Tus hijos creen en los reyes magos, Santa Clós, el ratón del diente, etc. porque tú les dices que existen. Al momento que les revelas la verdad, dejan de creer en ellos. Desafortunadamente para nosotros, la primera generación no fue lo suficientemente valiente para decirle a la segunda que todo lo del nuevo dios era mentira, así que la mentira se convirtió en la “más grade de las verdades”

 



       ¡Las personas que dirigen las Iglesias son los más grandes hipócritas¡

Dicen:

  • No hagas tesoros en la tierra… y ellos tienen enormes fortunas.

  • No matarás… y ellos han matado a todos los que se le han opuesto.

  • Todos somos iguales ante dios… y no permiten que las mujeres se ordenen como sacerdotisas.

  • Que tenemos libre albedrío… y condenan a la comunidad gay.

  • Que quieren ser como Yeshua –T.C.C. Jesús… pero sus ropajes son de seda e hilos de oro, viajan el jets privados y en vehículos blindados.

  • Los feligreses gay no son bienvenidos en la iglesia… y ésta está llena de curas homosexuales. (Nótese que la mayoría de las víctimas de los sacerdotes son niños.)

  • Los pecadores se van al infierno… pero nunca dicen que los miembros de la inquisición y todos los papas que mataron para mantener sus papados están allí.

       Yeshua –T.C.C. Jesús– es la mentira más grande nunca antes dicha. Para hacerla llegar a la cúspide, sus auspiciadores, Constantino y compañía,  tuvieron que matar a amigos y a enemigos. Para mantenerlo allí, sus promotores, el clero y la realeza, continuaron aniquilando a todo aquel que se le oponía, bárbaro, musulmán, luterano, calvinista, anglicano, nativo americano, “hereje”, insurgente, etc.


       Pero también ha sido la mentira más rentable. Sus inventores y sus promotores se han vuelto muy ricos, y los creyentes comunes se han convertido en sus esclavos. Por milenios, estos últimos han hecho todos los sacrificios para obtener la recompensa esencial, la “vida eterna”, nunca se enteran de que ese premio es una quimera.


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