Algunos historiadores dudan de la existencia de Moisés; yo no (con eso no estoy tratando de implicar que soy historiador). No todo lo que está en la biblia tiene que ser un invento. No olvidemos que el viejo testamento no sólo era un cuerpo de leyes, trató también de registrar la historia del pueblo hebreo. Desafortunadamente para nosotros, los antiguos historiadores, y algunos hoy en día, tendían a exagerar los hechos que los favorecían y a minimizar aquellos que los comprometía. Ese es el caso de la gente que escribió de Moisés. Aunque él realmente existió, los que escribieron de él, le acreditaron hechos muy fantasiosos. Moisés no fue quien dicen que fue, ni hizo lo que dicen que hizo.


       Además de Éxodo, no hay otra fuente que nos cuente de Moisés y que sea confiable, por ende las dudas. Pienso que él realmente vivió en tiempo de los hebreos. Sin embargo, pienso que no era hebreo; era egipcio. Realmente era hijo de una princesa egipcia. De hecho, en el filme “El éxodo decodificado” de Felix Golubev y Simcha Jacobovici se dice que el faraón mencionado en Éxodo no era Ramsés II. Aseguran que era Ahmose, que en hebreo significa hermano de Moisés. Si eso es verdad, Moisés tuvo que haber tenido ambiciones políticas. Tal vez quería ser faraón o sumo sacerdote. Cuando se dio cuenta que ninguna de esas posiciones estaba disponible para él, decidió fundar su propia nación. No tuvo que buscar muy lejos. En su tierra moraban unos esclavos a quienes él podía convencer para que escaparan si les prometía darles un trozo de tierra que ellos pudieran llamar suya. Pero tenía un problema: el ser egipcio. ¿Cómo podrían los esclavos confiar en él? Necesitaba a alguien de adentro para que le ayudara a convencerlos. Decidió contactar a Aarón. Le contó sus intenciones de liberar al pueblo hebreo, y Aarón no podía dejar pasar esta oportunidad. Durante 430 años habían estado en servidumbre. Ya era hora de ser libres, así que Aarón aceptó ayudar a Moisés. Pero estaba claro que Aarón tenía otra agenda.


       Pienso que Moisés no trató de negociar con el faraón, ni que provocó las plagas o algo por el estilo. Le pidió a Aarón que le dijera a su gente que juntara todas las joyas de oro y plata para sobornar a los guardias. También le instruyó que tuviera la gente vestida, comida y lista para huir. Se dirigieron hacia el Mar Rojo o Mar de Juncos, porque para ese entonces, el faraón había mandado a las tropas que resguardaban esa frontera a combatir a la Gente del Mar que atacaba por el Mediterráneo. No hubo separación de las aguas. Pudieron fácilmente rodear el lago. Sin soldados que los persiguieran, tenían tiempo suficiente para desviarse un poco. Cuando el faraón fue informado de la huida, era demasiado tarde. Los hebreos ya se habían escapado. Moisés sabía que contaba con la tribu de Aarón para controlar la gente en caso de una revuelta. Vio que los levitas eran aptos para el trabajo y para convencerlos, les dijo que ellos serían los sacerdotes que la nueva nación necesitaría. Por eso fue que los levitas estuvieron más que dispuestos a matar a los casi 3,000 de sus hermanos en el Monte Sinaí, después de que le pidieran a Aarón que hiciera un nuevo dios.


       También tuvo que crear reglas para su nuevo pueblo si quería tener control sobre ellos. Así fue como surgieron los diez mandamientos y el  resto de las leyes para los hijos de Israel.


       Después de alcanzar Canaán y darse cuenta de que no había manera de derrotar a los moradores de la región, Moisés decidió regresar a entrenar y a incrementar su ejército. Cuarenta años le tomó prepararse. Desafortunadamente para él, murió antes de conquistar la tierra que les había prometido.


       Los eventos que siguieron a su muerte son los que me señalaron que Moisés no era hebreo. Sus hijos no heredaron el sacerdocio o el liderato del ejército. De hecho, no tuvieron rol en ningún evento bíblico.

Sabemos que los hebreos despreciaban a los forasteros. Les llaman incircuncisos o gentiles, ¡pero estos eran los hijos de Moisés! Aparentemente eso no era suficiente para ser considerado hebreo.


       Al morir Moisés, los verdaderos hebreos tomaron control de la nueva nación. A los hijos de Aarón se les dio el sacerdocio y a Josué el liderazgo del ejército. Todos los vínculos con Moisés se terminaron.


       Los levitas que escribieron el viejo testamento debieron haber tenido muchas dificultades cuando escribían de Moisés. No podían cambiar el hecho de que era egipcio, y no hebreo, el origen de su primer mesías. Lo que sí podían cambiar era la historia de su nacimiento. Aprovechando el hecho de que Moisés era una figura oscura en Egipto, y que sus familiares lo habían excluido de las crónicas reales por considerarlo un traidor, resolvieron su problema al crear la historia de la joven hebrea que echó a su bebé al Río Nilo. Así de fácil. Moisés se volvió hebreo.


       También se aseguraron de incluir la historia de cómo Celoso (T.C.C. Yahvé o Jehová) le dijo que liberara a su pueblo. El mismo pueblo que dios mandó a Egipto. El mismo pueblo que él prometió nunca abandonaría. El mismo pueblo que olvidó durante 430 años.


       Algo similar pasó cuando fueron deportados a Babilonia por Nabucodonosor. Ningún hebreo pudo hacer algo para liberar a sus hermanos. Cuando fueron finalmente puestos en libertad, no por un hebreo, sino por un persa, los escritores de la biblia no pudieron usar el mismo subterfugio que usaron con Moisés. Ciro el Grande era bien conocido como para decir que era el hijo de una joven hebrea, así que se conformaron con decir que Ciro había sido enviado por Celoso (T.C.C. Yahvé o Jehová) para liberar a sus hijos. ¿Ves las mentiras? En los tiempos de Nabucodonosor, el todo poderoso no pudo derribar paredes con gritos y trompetas; no pudo asesinar primogénitos inocentes, mucho menos soldados; no pudo levantar las aguas del Éufrates para que inundaran la ciudad; no pudo enviar ninguna plaga. Lo único que pudo hacer fue enviar a un completo extraño, uno de esos hombres incircuncisos que los hebreos tanto despreciaban para ser su salvador.


       ¿Fue realmente Ciro enviado por Celoso (T.C.C. Yahvé o Jehová)? ¡Por supuesto que no! Eso fue lo que los levitas escribieron para salvar la reputación de su dios. Ciro tenía sus propios dioses. Simplemente él era el rey más poderoso de su tiempo. Derrotó a los babilonios y decidió regresar a los hijos de Israel a su tierra.


       La relación de Moisés con los hebreos murió con él en el desierto. No querían seguir dependiendo de gentiles, así que decidieron cortar, de una vez por todas, con él. Sin importar las grandes proezas de Moisés, sus hijos no tenían derecho de formar parte de la nación hebrea. Los hijos de Israel habían ido al extremo de casarse con sus propias hermanas para conservar su sangre pura, y no estaban dispuestos a que nadie les manchara su linaje. Ni siquiera los hijos de su salvador.


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