La gloria, el infierno, el purgatorio y el limbo son lugares ficticios, creados para darle esperanza o amenazar a los creyentes. Según la iglesia, si eres obediente y sacrificas tu vida, te vas a la gloria. Si cometes pecados, te vas al infierno. Si cometiste pecados leves, primero te quedas en el purgatorio y después te vas al cielo. Y si eres un infante que muere sin bautizar, te vas al limbo.

         

       Ahora te voy a decir cómo es que yo sé que esos lugares son inventados. ¿Podría alguien hacer desaparecer la capital de su país de un plumazo? Tal vez contestes que sí. El Congreso puede designar a otra ciudad como ciudad capital y listo. Pero no se trata de eso, lo que pregunto es que si esa ciudad podría desaparecer de la faz de la tierra. Si mudan la capital a otra ciudad, la ciudad donde estaba sigue existiendo, simplemente ya no es la capital. 

         

       Pero el Vaticano, es decir, el papa Benedicto XVI, abolió el LIMBO. Lo que significa que el  lugar que por siglos era exclusivo de los niños que morían sin bautizar no existe más. Así de fácil. Con un edicto, el papa actual acabó con un lugar temido por los padres de los recién nacidos. Ahora ya no tienen que preocuparse, el limbo ya no existe.

¿Cómo puede un lugar desaparecer por edicto? Se puede hacer si ese lugar se hizo aparecer de la misma manera, por decreto.

         

       La gloria, el infierno y el purgatorio no son lugares reales. Al igual que el limbo, los promotores del cristianismo los hicieron aparecer de la nada. Y al igual que el limbo, también pueden desaparecer el día que un papa así lo quiera. Yo los hice desaparecer de mi vida desde hace mucho tiempo.


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