De acuerdo a la tradición hebrea, no cualquiera podía ser el mesías, el salvador, el cristo o como los antiguos hebreos lo llamaban, el libertador. Antes del rey David, cualquier miembro de las doce tribus de Israel podía ser el libertador cuando los hijos de Israel estaban en servidumbre: Moisés y Otoniel son sólo dos ejemplos. Pero después de David, todos los libertadores debían ser de su descendencia porque, supuestamente, esa fue la alianza entre el dios hebreo y David.

   

2 Samuel

 

7:12 Y cuando tus días sean cumplidos, y duermas con tus padres, yo levantaré después de ti a uno de tu linaje, el cual procederá de tus entrañas, y afirmaré su reino.


       Ese era uno de los requisitos que Yeshua – T.C.C. Jesús– tenía que llenar para convertirse en el cristo, ser descendiente directo de David.

         

       El otro requisito era nacer en Belén. David era de ese pequeño pueblo, así que el vidente Miqueas escribió que los libertadores debían nacer allí.


Miqueas


5:2 Pero tú, Belén Efrata, pequeña para estar entre las familias de Judá, de ti me saldrá el que será Señor en Israel;  y sus salidas son desde el principio, desde los días de la eternidad.


       Esos eran los requisitos para todos los libertadores que surgieran después de David. Pero Lucas y Mateo estaban confundidos. Ellos pensaban que había más profecías que también eran requisitos.

         

       Mateo fue más lejos, la urgente necesidad  que tenía de hacer parecer a Yeshua – T.C.C. Jesús– como el mesías, cuando él sabía que no lo era, lo hizo pensar que todas la profecías escritas por los videntes tenían que cumplirse en Yeshua – T.C.C. Jesús. E hizo todo lo posible por que se cumplieran, aún si tenía que inventar algunas historias, y/o torcer la verdad.

         

       Cuando llegue el tiempo de analizar cada profecía, les mostraré que los esfuerzos de Mateo para tratar de hacer de Yeshua – T.C.C. Jesús– el mesías perfecto, funcionaron en su contra.


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