De acuerdo a la biblia, Celoso (T.C.C. Yahvé o Jehová) es un dios único. Es el único dios que no solamente les habla a sacerdotes, sino que también lo hace con jefes y reyes. Cuando el Rey Arturo necesitaba hablar con sus dioses, usaba a Merlín; cuando los reyes griegos querían hablar con los suyos, usaban el oráculo; cuando los emperadores romanos querían hablar con los propios, usaban a las pitonisas, y cuando los faraones querían hablar con sus deidades, usaban a sus hechiceros.


       Como se establece en la biblia, los únicos je-fes y reyes que hablaban directamente con su dios eran los hebreos. La biblia está llena de ejemplos. Josué fue el primer jefe militar que habló con Celoso (T.C.C. Yahvé o Jehová). Fue el mismísimo dios quien le dijo que exterminara a todos los habitantes de Canaán:


Josué


3:7  Entonces Jehová dijo a Josué: Desde este día comenzaré a engrandecerte delante de los ojos de todo Israel, para que entiendan que como estuve con Moisés, así estaré contigo.


6:19 Mas toda la plata y el oro, y los utensilios de bronce y de hierro, sean consagrados a Jehová, y entren en el tesoro de Jehová.


7:15 y el que fuere sorprendido en el anatema, será quemado, él y todo lo que tiene, por cuanto ha quebrantado el pacto de Jehová, y ha cometido maldad en Israel.


8:1 Jehová dijo a Josué: No temas ni desmayes; toma contigo toda la gente de guerra, y levántate y sube a Hai. Mira, yo he entregado en tu mano al rey de Hai, a su pueblo, a su ciudad y a su tierra.


8:2 Y harás a Hai y a su rey como hiciste a Jericó y a su rey; sólo que sus despojos y sus bestias tomaréis para vosotros. Pondrás, pues, emboscadas a la ciudad detrás de ella.


       Todos los jueces hablaron con dios. Fue él quien les dijo que mataran a todos los que habitaban en “su tierra”. Todos los reyes hablaban con dios, también. Y todos ellos mataron porque dios así se los ordenó.


Jueces


1:1 Aconteció después de la muerte de Josué, que los hijos de Israel consultaron a Jehová, diciendo: ¿Quién de nosotros subirá primero a pelear contra los cananeos?


1:2 Y Jehová respondió: Judá subirá; he aquí que yo he entregado la tierra en sus manos.


2:1 El ángel de Jehová subió de Gilgal a Boquim, y dijo: Yo os saqué de Egipto, y os introduje en la tierra de la cual había jurado a vuestros padres, diciendo: No invalidaré jamás mi pacto con vosotros,


2:2 con tal que vosotros no hagáis pacto con los moradores de esta tierra, cuyos altares habéis de derribar; mas vosotros no habéis atendido a mi voz. ¿Por qué habéis hecho esto?


2:3 Por tanto, yo también digo: No los echaré de delante de vosotros, sino que serán azotes para vuestros costados, y sus dioses os serán tropezadero.


2:20 Y la ira de Jehová se encendió contra Israel, y dijo: Por cuanto este pueblo traspasa mi pacto que ordené a sus padres, y no obedece a mi voz,


2:21 tampoco yo volveré más a arrojar de delante de ellos a ninguna de las naciones que dejó Josué cuando murió;


7:2 Y Jehová dijo a Gedeón: El pueblo que está contigo es mucho para que yo entregue a los madianitas en su mano, no sea que se alabe Israel contra mí, diciendo: Mi mano me ha salvado.


7:9 Aconteció que aquella noche Jehová le dijo: Levántate, y desciende al campamento; porque yo lo he entregado en tus manos.


10:11 Y Jehová respondió a los hijos de Israel: ¿No habéis sido oprimidos de Egipto, de los amorreos, de los amonitas, de los filisteos,


10:12 de los de Sidón, de Amalec y de Maón, y clamando a mí no os libré de sus manos?


10:13 Mas vosotros me habéis dejado, y habéis servido a dioses ajenos; por tanto, yo no os libraré más.


20:18 Luego se levantaron los hijos de Israel, y subieron a la casa de Dios y consultaron a Dios, diciendo: ¿Quién subirá de nosotros el primero en la guerra contra los hijos de Benjamín? Y Jehová respondió: Judá será el primero.


20:23 Porque los hijos de Israel subieron y lloraron delante de Jehová hasta la noche, y consultaron a Jehová, diciendo: ¿Volveremos a pelear con los hijos de Benjamín nuestros hermanos? Y Jehová les respondió: Subid contra ellos.


20:28 y Finees hijo de Eleazar, hijo de Aarón, ministraba delante de ella en aquellos días), y dijeron: ¿Volveremos aún a salir contra los hijos de Benjamín nuestros hermanos, para pelear, o desistiremos? Y Jehová dijo: Subid, porque mañana yo os los entregaré.


1 Samuel


15:2 Así ha dicho Jehová de los ejércitos: Yo castigaré lo que hizo Amalec a Israel al oponérsele en el camino cuando subía de Egipto.


15:3 Ve, pues, y hiere a Amalec, y destruye todo lo que tiene, y no te apiades de él; mata a hombres, mujeres, niños, y aun los de pecho, vacas, ovejas, camellos y asnos.


23:2 Y David consultó a Jehová, diciendo: ¿Iré a atacar a estos filisteos? Y Jehová respondió a David: Ve, ataca a los filisteos, y libra a Keila.


       En todas las instancian anteriores, dios platica directamente con aquellos que le hablan. Tal parece que las únicas palabras que tiene para ellos son, matar, matar y matar.


       La parte más triste es darse cuenta que ninguno de los jefes o reyes hablaba directamente con dios. Aunque los levitas lo disfrazaron muy bien al escribir una y otra vez, “Y el señor respondió o y Jehová dijo.” Era el vidente en funciones quien les decía que hacer. Eran los levitas los que les decían a los líderes que mataran. Los videntes eran “la voz de dios”. No había ser divino alguno detrás de ellos. Los levitas maquinaron este astuto plan para fortalecer el control que tenían sobre los jefes y el pueblo. Por eso no querían un rey. Los reyes, ellos pensaban, iban a ser más difíciles de controlar, y su rol como los que decidían el rumbo del pueblo estaría en peligro.


       Ese era el temor que Samuel tenía cuando los ancianos de Israel, supuestamente, le fueron a pedir un rey. Cuando escuchó la petición, Samuel se puso muy alterado. Sabía que el rol del vidente en la cultura hebrea estaba en peligro. La herencia de Moisés a los levitas estaba a punto de llegar a su fin. Hasta ese día, los levitas habían sido el poder detrás del trono. Eran los videntes quienes escogían la ruta por donde caminaría el pueblo, no los jueces. Habían tomado todas las medidas necesarias para asegurarse de que sus congéneres, es decir, los otros levitas, como cualquier otro sacerdote de de cualquier culto o religión alrededor del mundo, tuviera una vida sin preocupaciones.


       Se habían excluidos de ir a la guerra:


Números


1:47 Pero los levitas, según la tribu de sus padres, no fueron contados entre ellos (los soldados).


1:48 porque habló Jehová a Moisés, diciendo:


1:49 Solamente no contarás la tribu de Leví, ni tomarás la cuenta de ellos entre los hijos de Israel


1:50 sino que pondrás a los levitas en el tabernáculo del testimonio, y sobre todos sus utensilios, y sobre todas las cosas que le pertenecen; ellos llevarán el tabernáculo y todos sus enseres, y ellos servirán en él, y acamparán alrededor del tabernáculo.


       Los levitas escribieron que Celoso (T.C.C. Yahvé o Jehová) le había dicho a Moisés que no los incluyera entre los soldados, ¡qué conveniente!, pero ahora sabemos que no había un dios hablándole a nadie. Los levitas decidieron convertirse en los amos de sus propios hermanos. Los enviaban a la guerra, para que ellos pudieran tener todo lo que necesitaban sin arriesgar sus propias vidas. Cuando le decían a Josué que matara a todos los seres vivos de las ciudades que conquistaba, esperaban deshacerse de los otros dioses que, eventualmente, les robarían la fe de sus hermanos, y con ello, los levitas perderían su forma de vida.


       Los levitas no solamente no tenían que ir a la guerra, también decidieron que tenían que acampar lejos del peligro de la batalla.



       Lee dónde dicen los levitas que el señor les dijo que acamparan:


Números


1:52 Los hijos de Israel acamparán cada uno en su campamento, y cada uno junto a su bandera, por sus ejércitos.


1:53 pero los levitas acamparán alrededor del tabernáculo del testimonio, para que no haya ira sobre la congregación de los hijos de Israel; y los levitas tendrán la guarda del tabernáculo del testimonio.


       Ellos tenían que acampar alrededor del tabernáculo, el objeto más sagrado de los hebreos. Como tal, tenía que estar en el centro del campamento, lejos de todo peligro.


       Como puedes ver, los levitas no estaban dispuestos a morir por sus hermanos. Podían matarlos, si era necesario, pero no a derramar su sangre por ellos. Si no sabes a qué me refiero, citaré los pasajes donde se explica cómo los levitas se “ganaron” el derecho de ser “profetas”:


Éxodo


32:26 se puso Moisés a la puerta del campamento, y dijo: ¿Quién está por Jehová? Júntese conmigo. Y se juntaron con él todos los hijos de Leví.


32:27 Y él les dijo: Así ha dicho Jehová, el Dios de Israel: Poned cada uno su espada sobre su muslo; pasad y volved de puerta a puerta por el campamento, y matad cada uno a su hermano, y a su amigo, y a su pariente.


32:28 Y los hijos de Leví lo hicieron conforme al dicho de Moisés; y cayeron del pueblo en aquel día como tres mil hombres.


       Así fue como se ganaron el “derecho divino” de ser los sacerdotes de Israel, asesinando a sus propios hermanos. Esa fue la única vez que los levitas fueron valientes para matar. Asesinaron a hombres desarmados; hombres que estaban demasiado aterrados como para defenderse.

 

       También quiero que notes que en Números 32:27 Moisés no pide consejo concerniente a ese asunto. Tan pronto como los levitas están a su lado, les dice, “Así ha dicho Jehová, el Dios de Israel: Poned cada uno su espada sobre su muslo; pasad y volved de puerta a puerta por el campamento, y matad cada uno a su hermano, y a su amigo, y a su pariente.”


       En este versículo es más que evidente que moisés tomaba todas esas decisiones por sí mismo; ningún dios le decía qué hacer.

Él simplemente usaba las palabras “Así dice el señor o El señor dice” para hacer creer a los hijos de Israel que realmente estaba recibiendo asesoría de Celoso (T.C.C. Yahvé o Jehová).


       Pero los levitas no sólo consiguieron el sacerdocio. También se otorgaron el derecho a alimentos y dinero gratis:


Deuteronomio


18:1 Los sacerdotes levitas, es decir, toda la tribu de Leví, no tendrán parte ni heredad en Israel; de las ofrendas quemadas a Jehová y de la heredad de él comerán.


14:22 Indefectiblemente diezmarás todo el producto del grano que rindiere tu campo cada año.


14:23 Y comerás delante de Jehová tu Dios en el lugar que él escogiere para poner allí su nombre, el diezmo de tu grano, de tu vino y de tu aceite, y las primicias de tus manadas y de tus ganados, para que aprendas a temer a Jehová tu Dios todos los días.


14:24 Y si el camino fuere tan largo que no puedas llevarlo, por estar lejos de ti el lugar que Jehová tu Dios hubiere escogido para poner en él su nombre, cuando Jehová tu Dios te bendijere,


14:25 entonces lo venderás y guardarás el dinero en tu mano, y vendrás al lugar que Jehová tu Dios escogiere;


14:26 y darás el dinero por todo lo que deseas, por vacas, por ovejas, por vino, por sidra, o por cualquier cosa que tú deseares; y comerás allí delante de Jehová tu Dios, y te alegrarás tú y tu familia.


14:27 Y no desampararás al levita que habitare en tus poblaciones; porque no tiene parte ni heredad contigo.


14:28 Al fin de cada tres años sacarás todo el diezmo de tus productos de aquel año, y lo guardarás en tus ciudades.


14:29 Y vendrá el levita, que no tiene parte ni heredad contigo, y el extranjero, el huérfano y la viuda que hubiere en tus poblaciones, y comerán y serán saciados; para que Jehová tu Dios te bendiga en toda obra que tus manos hicieren.


       Los levitas se excluyeron de realizar algún trabajo. No tenían que sembrar, criar ganado, o hacer ningún tipo de labor para tener dinero. La carne que necesitaban para comer provenía de las ofrendas. Las semillas, las verduras y las frutas que requerían, provenían del diezmo, y el dinero en efectivo venía de la gente que vivía lejos. Esas personas tenían la obligación de convertir sus artículos en dinero y dárselo a los levitas.


       Tengo que aceptar que los levitas eran muy astutos. Con solo una pluma, proveyeron a todas las generaciones de levitas por venir.


       En caso de que pienses que lo que los levitas obtenían no era tanto, te mostraré lo que la biblia dice que perdían cuando los hijos de Israel y sus líderes se cambiaban a otros dioses:


2 Crónicas


29:10 Ahora pues, yo he decidido hacer un pacto con Jehovah Dios de Israel, para que aparte de nosotros el furor de su ira.


29:20 El rey Ezequías se Levantó muy de mañana, Reunió a los dirigentes de la ciudad y Subió a la casa de Jehovah.


29:21 Llevaron siete toros, siete carneros, siete corderos y siete machos Cabríos para hacer un sacrificio por el pecado a favor del reino, del santuario y de Judá. Y Mandó a los sacerdotes hijos de Aarón que los ofreciesen como holocausto sobre el altar de Jehovah.


29:25 También puso a los levitas en la casa de Jehovah, con Címbalos, liras y arpas, conforme al mandato de David, de Gad, vidente del rey, y del profeta Natán; porque éste fue el mandamiento de Jehovah por medio de sus profetas.


29:32 El Número de los holocaustos que trajo la asamblea fue de 70 toros, 100 carneros y 200 corderos; todos éstos fueron para el


29:33 Las ofrendas consagradas fueron de 600 toros y 3.000 ovejas.


30:24 Porque Ezequías, rey de Judá, Había dado para la Congregación 1,000 toros y 7,000 ovejas; y también los magistrados Habían dado para la Congregación 1,000 toros y 10,000 ovejas, y muchos sacerdotes ya se Habían purificado.


30:25 Toda la Congregación de Judá se Regocijó, como también los sacerdotes, los levitas y toda la Congregación que Había venido de Israel. Asimismo los forasteros que Habían venido de la tierra de Israel y los que habitaban en Judá.


31:3 El rey Contribuyó con una parte de su patrimonio para los holocaustos: para los holocaustos de la mañana y de la tarde, y para los holocaustos de los Sábados, de las lunas nuevas y de las fiestas solemnes, como Está escrito en la ley de Jehovah.


31:4 También Mandó al pueblo que habitaba en Jerusalén que diesen a los sacerdotes y a los levitas la Porción que les Correspondía, para que se mantuviesen dedicados a la ley de Jehovah.


31:5 Cuando fue divulgada esta orden, los hijos de Israel dieron muchas primicias de grano, vino nuevo, aceite, miel y de todos los frutos de la tierra. Asimismo, trajeron en abundancia los diezmos de todas las cosas.


31:6 También los hijos de Israel y de Judá que habitaban en las ciudades de Judá trajeron los diezmos de las vacas y de las ovejas, y los diezmos de las cosas consagradas a Jehovah su Dios, y lo acumularon en montones.


31:10 Y Azarías, sumo sacerdote de la casa de Sadoc, le Respondió: "Desde que comenzaron a traer la ofrenda a la casa de Jehovah, hemos comido y nos hemos saciado, y ha sobrado mucho. Porque Jehovah ha bendecido a su pueblo, y ha sobrado esta gran cantidad."


31:11 Entonces Ezequías Mandó que preparasen unas Cámaras en la casa de Jehovah. Las prepararon


31:12 y pusieron fielmente en ellas las ofrendas, los diezmos y las cosas consagradas. A cargo de ello estaban el oficial Conanías, levita, y su hermano Simei, segundo en rango.


       Esas eran las riquezas que los levitas dejaban de percibir, o si lo quieres ver desde otra perspectiva, eso era lo que ganaban cuando mantenían a sus hermanos adorando al dios que habían creado, Celoso (T.C.C. Yahvé o Jehová).


        Los levitas no querían la parte del derramamiento de sangre en batalla que les correspondía, pero cuando se trataba de compartir la tierra que sus hermanos habían conquistado, y aún cuando dios había dicho que ellos no tendrían herencia, lee lo que obtuvieron:


Josué


21:1 Los jefes de los padres de los levitas vinieron al sacerdote Eleazar, a Josué hijo de Nun y a los cabezas de los padres de las tribus de los hijos de Israel,


21:2 y les hablaron en Silo en la tierra de Canaán, diciendo: Jehová mandó por medio de Moisés que nos fuesen dadas ciudades donde habitar, con sus ejidos para nuestros ganados.


       En este versículo, los levitas le están recordándole a Josué lo que el señor le “dijo” a Moisés que les diera.


Josué


21:3 Entonces los hijos de Israel dieron de su propia herencia a los levitas, conforme al mandato de Jehová, estas ciudades con sus ejidos.


21:4 Y la suerte cayó sobre las familias de los coatitas; y los hijos de Aarón el sacerdote, que eran de los levitas, obtuvieron por suerte de la tribu de Judá, de la tribu de Simeón y de la tribu de Benjamín, trece ciudades.


21:5 Y los otros hijos de Coat obtuvieron por suerte diez ciudades de las familias de la tribu de Efraín, de la tribu de Dan y de la media tribu de Manasés.


21:6 Los hijos de Gersón obtuvieron por suerte, de las familias de la tribu de Isacar, de la tribu de Aser, de la tribu de Neftalí y de la media tribu de Manasés en Basán, trece ciudades.


21:7 Los hijos de Merari según sus familias obtuvieron de la tribu de Rubén, de la tribu de Gad y de la tribu de Zabulón, doce ciudades.


21:41 Y todas las ciudades de los levitas en medio de la posesión de los hijos de Israel, fueron cuarenta y ocho ciudades con sus ejidos.


21:42 Y estas ciudades estaban apartadas la una de la otra, cada cual con sus ejidos alrededor de ella; así fue con todas estas ciudades.


       Los levitas idearon el plan de no obtener todo un territorio para ellos solos porque tendrían, eventualmente, que defenderlo de las tribus enemigas que aún moraban en los alrededores. Decidieron recibir ciudades que estuvieran dispersas entre el territorio de las otras tribus para que sus hermanos los protegieran en caso de una invasión. Astutos, ¿verdad?


       Tan astutos eran que hasta escribieron que dios solamente iba hablar a través de ellos. Claro, porque ellos eran la verdadera “voz de dios”. Dijeron que para que sus hermanos  no se asustaran otra vez al oír a “dios”, este ya no les iba a hablar (qué considerados). Desde ese momento, dios les hablaría sólo a través de uno de ellos, los levitas.


       Lee el versículo:


Deuteronomio


18:15  Profeta de en medio de ti, de tus hermanos, como yo, te levantará Jehová tu Dios; a él oiréis.


18:16 conforme a todo lo que pediste a Jehová tu Dios en Horeb el día de la asamblea, diciendo: No vuelva yo a oír la voz de Jehová mi Dios, ni vea yo más este gran fuego, para que no muera.


18:17 Y Jehová me dijo: Han hablado bien en lo que han dicho.


18:18 Profeta les levantaré de en medio de sus hermanos, como tú; y pondré mis palabras en su boca, y él les hablará todo lo que yo le mandare.


18:19 Mas a cualquiera que no oyere mis palabras que él hablare en mi nombre, yo le pediré cuenta.


18:20 El profeta que tuviere la presunción de hablar palabra en mi nombre, a quien yo no le haya mandado hablar, o que hablare en nombre de dioses ajenos, el tal profeta morirá.


18:21 Y si dijeres en tu corazón: ¿Cómo conoceremos la palabra que Jehová no ha hablado?.


18:22 si el profeta hablare en nombre de Jehová, y no se cumpliere lo que dijo, ni aconteciere, es palabra que Jehová no ha hablado; con presunción la habló el tal profeta; no tengas temor de él.


       Si un dios todopoderoso les hubiera estado diciendo a los levitas qué decir y qué hacer, los hijos de Israel nunca habrían perdido una batalla. No hubieran tenido que matar o morir para conquistar su tierra.


       Los levitas fueron los verdaderos autores de la biblia. Su misión secreta era mantener vivo al dios de Moisés a cualquier costo; de lo contrario, perderían todos los privilegios que Moisés les había otorgado. Por eso fue que hicieron aparecer a Celoso (T.C.C. Yahvé o Jehová) en cada peldaño de la historia.


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