Una gran controversia ha existido entre los exegetas desde el surgimiento del cristianismo mismo. Algunos de ellos argumentan que Yeshua – T.C.C. Jesús– no nació siendo el cristo; aseguran que fue ungido como tal después de que murió en la cruz. Sus oponentes arguyen que esa aseveración no se puede sostener con las escrituras. Ellos claman que las evidencias que se encuentran en los evangelios apuntan a un Yeshua – T.C.C. Jesús– que fue el cristo desde su concepción. Inmediatamente invocan la historia que todos conocemos, la de María. Estos eruditos siempre parecen ganar el debate porque, aparentemente, no hay ninguna  evidencia en el nuevo testamento que pruebe que los evangelios fueron diseñados a la medida de  Yeshua – T.C.C. Jesús.     


       Durante 30 años, yo he estado del lado de los que piensan que los autores de los evangelios los escribieron de tal manera que se acomodaran a Yeshua – T.C.C. Jesús– como si fuera el cristo.


       Leí la biblia y encontré un versículo que catapultó esa conclusión. Después de leerlo, me di cuenta de que Yeshua – T.C.C. Jesús– no nació siendo el cristo. Lo hicieron el cristo después de morir en la cruz.


       Una vez que Yeshua – T.C.C. Jesús– fue aceptado como el mesías por un considerable número de personas, era necesario escribir su historia. Y los escritores de los evangelios oficiales y no oficiales echaron a volar su imaginación. Tal parece que estaban compitiendo para ver quién podía crear la historia más fantástica de Yeshua – T.C.C. Jesús. Cuatro de esos evangelios fueron elegidos para formar parte del los cánones oficiales de la biblia, y los otros fueron considerados apócrifos. Esa es una palabra rimbombante que significa FALSO.


       ¿Dónde está ese versículo? Tal vez te estés preguntando. Se localiza en el libro que Simón Pedro, la Roca, supuestamente escribió,  Los hechos de los apóstoles. Fue el mismísimo Pedro quien me dijo que Yeshua – T.C.C. Jesús– no fue el cristo desde el comienzo de su vida, sino hasta que fue crucificado.

 

       Sin más alharaca, he aquí el versículo:


Los hechos de los apóstoles

 

2:36 Sepa, pues, ciertísimamente toda la casa de Israel, que a este Jesús a quien vosotros crucificasteis, Dios le ha hecho Señor y Cristo.

 

       Pedro no pudo haberlo dicho más claro. “Dios le ha hecho Señor y Cristo.” Lo que quiere decir que, Yeshua – T.C.C. Jesús– no era señor ni cristo antes de que fuera crucificado por… ¿los judíos? Si el dios de los hebreos hubiera considerado a Yeshua – T.C.C. Jesús– el cristo desde su nacimiento, Pedro habría dicho, “Sepa, pues, ciertísimamente toda la casa de Israel, que este Jesús a quien vosotros crucificasteis, era el señor y el cristo.”   


       El antepresente se usa para indicar que algo que no era antes es hoy. Si yo digo, “He vivido en los Estados Unidos durante 20 años,” quiero decir que antes de esos 20 años, yo no vivía en ese país. Si alguien dice, “El presidente de la compañía me ha hecho gerente de esta sucursal,” quiere decir que antes no era gerente.

       

Del mismo modo, cuando Pedro dice, “Que a este Jesús a quien vosotros crucificasteis, Dios le ha hecho Señor y Cristo,” quiere decir que Yeshua – T.C.C. Jesús– no era el cristo antes de que fuera crucificado.

  

       Mucho después de que Yeshua – T.C.C. Jesús– fuera ungido como el cristo, algunos escribas a quienes se les conoce con los nombres de Marcos, Mateo, Lucas y Juan, pero que no necesariamente se llamaban así,  decidieron registrar su historia, asegurándose de que todas la piezas del rompecabezas cayeran en el lugar correcto. El problema era que ninguno de ellos tenía inspiración divina, contrario a lo que la mayoría piensa, y tampoco trabajaron en equipo. Realmente, los evangelios fueron escritos con décadas de diferencia. Como resultado, el trabajo de esos individuos, en lugar de complementarse, se contradice, especialmente el de Mateo y el de Lucas.


       Más tarde, la iglesia católica trató de enmendar esos errores, mas sin importar cuán arduo trabajaron sus obispos, no tuvo éxito. Si lees los evangelios sin la venda que la fe generalmente te pone en los ojos, también los verás.


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