Todos saben del gran número de personas que Yeshua –T.C.C. Jesús– sanó. Era capaz de curar toda clase de enfermedades: ceguera, lepra, cojera, etc.  Hasta levantó gente de entre los muertos.

         

       Me resulta sumamente difícil creer que haya realizado todas esas maravillas. Si los judíos le hubieran realmente visto hacer todos esos milagros, nunca hubieran dudado de que él fuera el mesías.

Sin embargo, lo más que le concedían era que él debía ser algún profeta que tenía que venir:


Mateo

 

16:13 Viniendo Jesús a la región de Cesarea de Filipo, preguntó a sus discípulos, diciendo: ¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del Hombre?


16:14 Ellos dijeron: Unos, Juan el Bautista; otros, Elías; y otros, Jeremías, o alguno de los profetas.


Marcos


6:15 Otros decían: Es Elías. Y otros decían: Es un profeta, o alguno de los profetas.


Lucas


9:8 otros: Elías ha aparecido; y otros: Algún profeta de los antiguos ha resucitado.


       Ninguna persona del pueblo pensaba que Yeshua –T.C.C. Jesús– podía ser el mesías esperado.

         

       Pienso que Mateo y los otros autores escribieron todo eso sólo para hacer que Yeshua –T.C.C. Jesús–  cumpliera una más de la larga lista de profecías que ellos pensaban que tenía que cumplir. He aquí esa profecía:


Isaías


 53:4 Ciertamente llevó él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores; y nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y abatido.

         

       Y aquí está la interpretación de Mateo de esa profecía:


Mateo


8:14 Vino Jesús a casa de Pedro, y vio a la suegra de éste postrada en cama, con fiebre.


8:15 Y tocó su mano, y la fiebre la dejó; y ella se levantó, y les servía.


8:16 Y cuando llegó la noche, trajeron a él muchos endemoniados; y con la palabra echó fuera a los demonios, y sanó a todos los enfermos;


8:17 para que se cumpliese lo dicho por el profeta Isaías, cuando dijo: El mismo tomó nuestras enfermedades, y llevó nuestras dolencias.

         

       En el antiguo testamento, los levitas que lo escribían hacían que los hebreos parecieran tontos porque, sin importar que tan grandes fueran los milagros de su dios, seguían adorando a otros dioses. En el nuevo testamento, son los “apóstoles” que escribieron los evangelios los que hacen que los judíos parezcan tontos.

         

       Estos son los supuestos milagros que Yeshua –T.C.C. Jesús– realizó ante ellos:


Mateo


8:2 Y he aquí vino un leproso y se postró ante él, diciendo: Señor, si quieres, puedes limpiarme.


8:3 Jesús extendió la mano y le tocó, diciendo: Quiero; sé limpio. Y al instante su lepra desapareció.


8:13 Entonces Jesús dijo al centurión: Ve, y como creíste, te sea hecho. Y su criado fue sanado en aquella misma hora.


8:14 Vino Jesús a casa de Pedro, y vio a la suegra de éste postrada en cama, con fiebre.


8:15 Y tocó su mano, y la fiebre la dejó; y ella se levantó, y les servía.


9:2 Y sucedió que le trajeron un paralítico, tendido sobre una cama; y al ver Jesús la fe de ellos, dijo al paralítico: Ten ánimo, hijo; tus pecados te son perdonados.


9:24 les dijo: Apartaos, porque la niña no está muerta, sino duerme. Y se burlaban de él.


9:25 Pero cuando la gente había sido echada fuera, entró, y tomó de la mano a la niña, y ella se levantó.

 

9:28 Y llegado a la casa, vinieron a él los ciegos; y Jesús les dijo: ¿Creéis que puedo hacer esto? Ellos dijeron: Sí, Señor.


9:29 Entonces les tocó los ojos, diciendo: Conforme a vuestra fe os sea hecho.


9:30 Y los ojos de ellos fueron abiertos. Y Jesús les encargó rigurosamente, diciendo: Mirad que nadie lo sepa.


9:33 Y echado fuera el demonio, el mudo habló; y la gente se maravillaba, y decía: Nunca se ha visto cosa semejante en Israel.


17:15 Señor, ten misericordia de mi hijo, que es lunático, y padece muchísimo; porque muchas veces cae en el fuego, y muchas en el agua.


17:18 Y reprendió Jesús al demonio, el cual salió del muchacho, y éste quedó sano desde aquella hora.


Marcos


3:5 Entonces, mirándolos alrededor con enojo, entristecido por la dureza de sus corazones, dijo al hombre: Extiende tu mano. Y él la extendió, y la mano le fue restaurada sana.

 

Juan


11:44 Y el que había muerto salió, atadas las manos y los pies con vendas, y el rostro envuelto en un sudario. Jesús les dijo: Desatadle, y dejadle ir.

         

       ¿No son estas hazañas asombrosas? Hoy en día, ningún televangelista ha realizado alguno de estos milagros, y decenas de miles de personas los siguen. Sus seguidores están dispuestos a hacer cualquier sacrificio por ellos.

         

       Los seguidores de David Koresh en Waco, Texas dieron su vida por él, ¡y él no hacía milagros! ¿Qué clase de gente eran los israelitas, que presenciaron todas estas maravillas y ni así creyeron en Yeshua –T.C.C. Jesús?  


Mateo


8:10 Al oírlo Jesús, se maravilló, y dijo a los que le seguían: De cierto os digo, que ni aun en Israel he hallado tanta fe.


Juan


12:37 Pero a pesar de que había hecho tantas señales delante de ellos, no creían en él;


       La respuesta es muy simple. No creyeron en él porque Yeshua –T.C.C. Jesús– no realizó ninguna curación milagrosa. Esos “milagros” fueron añadidos más tarde por los “apóstoles” para aumentar las probabilidades de que su mesías fuera aceptado como el hijo de dios.

         

       Si Yeshua –T.C.C. Jesús– hubiera sanado a todos esos que los escribas mencionan en sus evangelios, esos individuos habrían estado dispuestos a morir, para evitar que los romanos lo crucificaran. Hubieran estado en el juicio para defenderlo y dar testimonio de lo realizado por Yeshua –T.C.C. Jesús, y habrían peleado hasta la muerte para salvarlo de la pena capital. 

         

       Pero los autores de los evangelios no escribieron ningún pasaje donde se describa la férrea defensa de Yeshua –T.C.C. Jesús. Nadie, absolutamente nadie lo defendió a la hora del proceso. Su madre no lo hizo, sus hermanos no lo hicieron, sus discípulos tampoco lo defendieron, mucho menos lo iban a hacer las personas que supuestamente recuperaron la salud gracias a Yeshua –T.C.C. Jesús–  porque fueron, al igual que las genealogías y la estrella de Belén, inventadas por los escribas. Lázaro hubiera sido un perfecto testigo de descargo. Pero ni él se apareció en el juicio a dar su testimonio.

         

       Los seguidores de Jim Jones estuvieron dispuestos a ofrendar su vida en Guyana por complacer a su líder. Y Jones no había hecho ningún milagro parecido a los que se le imputan a Yeshua –T.C.C. Jesús. Estos individuos estuvieron dispuestos a morir, pero los sanados por Yeshua –T.C.C. Jesús– no. ¿No te parece increíble?


<<Anterior  Siguiente>>


  


Site developed by Sergio Arroyos