El Concilio de Nicea tenía la colosal tarea de convertir a la biblia hebrea en el libro sagrado de todos. No iba a ser un trabajo fácil. Sabían que no podían cambiar la mente de la gente para que aceptara el origen de otro pueblo como origen del suyo propio inmediatamente. Lo que sí podían cambiar era la biblia misma. Sólo tenían que modificar algunas palabras clave para hacer de la tradición judía, el origen de todos.


       Uno de esos términos clave era Israel. En hebreo, la palabra tierra y la palabra Israel son homónimas. Así que, donde los escritores originales de la biblia escribieron Israel, los miembros del Concilio de Nicea traducjeron “tierra”, para darle a las palabras de las escrituras, un sentido universal. ¡Pero exageraron! No siempre se podía hacer. En algunas instancias, cambiar la palabra Israel a tierra ni siquiera tiene sentido.


       Veamos un ejemplo:


       ¿Te acuerdas de la conversación entre dios y Caín poco después de que éste mató a Abel? La citaré otra vez:


Génesis


4:14 He aquí me echas hoy de la tierra, y de tu presencia me esconderé, y seré errante y extranjero en la tierra; y sucederá que cualquiera que me hallare, me matará.


       ¿Dios lo echó de la tierra? ¿A dónde iba? ¿A la luna, a Marte, a Saturno? No. Se dirigió a la tierra de Nod, al este de Edén. Ese lugar estaba en la tierra. Estaba sólo a unos cuantos kilómetros de su “pueblo”. No iba a viajar al espacio exterior.


       Ahora cambiemos la palabra tierra por Israel.


4:14 He aquí me echas hoy de Israel,


       Se entiende perfectamente ahora.


       La segunda palabra tierra del mismo párrafo tiene sentido. Será un vagabundo en la tierra.


       La biblia está llena de estos “errores”. Aquí están otros ejemplos:

Génesis


6:13 Dijo, pues, Dios a Noé: He decidido el fin de todo ser, porque la tierra está llena de violencia a causa de ellos; y he aquí que yo los destruiré con la tierra.


       Dios destruirá toda cosa viviente, incluyendo la gente, pero ¿destruirá también la tierra? No. Después del diluvio, la tierra todavía estaba aquí. Hagamos el mismo cambio que hicimos anteriormente.


6:13 Dijo, pues, Dios a Noé: He decidido el fin de todo ser, porque la tierra está llena de violencia a causa de ellos; y he aquí que yo los destruiré con Israel.


       ¿Ves? Ahora dios destruirá todas las cosas vivientes, a la gente y a Israel, y no molestará a la tierra.

Génesis


7:10 Y sucedió que al séptimo día las aguas del diluvio vinieron sobre la tierra.


       Concediendo que haya habido una inundación de tal magnitud, si cambiamos la palabra tierra por Israel tiene más sentido.


7:10 Y sucedió que al séptimo día las aguas del diluvio vinieron sobre Israel.


       La siguiente cita no es menos interesante:


Génesis


9:19 Estos tres son los hijos de Noé, y de ellos fue llena toda la tierra.

Hagamos el mismo cambio para que el pasaje tenga más sentido:


9:19 Estos tres son los hijos de Noé, y de ellos fue lleno todo Israel.


       Los obispos de Nicea demostraron ser muy astutos al crear esta maniobra de traducir tierra donde quiera que leían Israel. Hasta ahora ha funcionado. Pero ya es tiempo de que la luz de la verdad ilumine las sombras que las mentiras de Constantino y sus obispos pusieron sobre nosotros.


       Todas estas fábulas no tuvieron la intención de explicar el origen de todos nosotros; sólo pretendían aclarar el surgimiento de una pequeña parte de la población del mundo.


       Estas historias del origen de los hebreos habían existido por casi 1,500 años antes  de  Constantino, y ninguna cultura del mundo sabía de su existencia. Nadie sabía de Yahvé o Jehová. Hasta que el emperador romano decidió contarnos su historia con la biblia en una mano y la espada en la otra.


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